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Aunque
el olor y el color del naranjo se asocian a la luz del Mediterráneo,
en realidad estos árboles son originarios de Asia. Existen dos
tipos de naranjos, el amargo y el dulce, el primero utilizado como árbol
ornamental y, el segundo, para el consumo humano.
Su nombre científico es ‘citrus aurantium’:
‘citrus’ significa limón en griego, mientras que
‘aurantium’ es el adjetivo del oro, dorado, que se refiere,
obviamente’ al color del fruto. El naranjo, al igual que el resto
de cítricos, pertenece
a la familia de las rutáceas, donde se incluyen más de
1.600 especies vegetales.
Descripción
Este
árbol de tamaño medio (rara vez supera los seis metros de altura)
destaca por su fuerte verdor y por el agradable olor de su flor, el azahar,
que se distribuye individualmente por el árbol, o bien, en pequeños
grupos en las axilas de las hojas. Los azahares emergen entre marzo y
abril. Además de ser perenne y siempre verde, posee una copa frondosa
y compacta, acompañada de ramas espinosas en el caso de las ramas más
jóvenes.
Las hojas son ovaladas y terminadas en punta, de hasta 10 cm. de largo
y de color verde oscuro intenso. El tronco, cilíndrico y derecho, tiene
un tono verde oscuro y su corteza es lisa. Una de las ventajas del naranjo
es que sus frutos son muy decorativos, permaneciendo en el árbol
durante bastante tiempo.
Multiplicación
Lo
más frecuente es que se multiplique por semillas. Éstas se obtienen
de las naranjas (los pipos) y se secan, para después plantarlas.
Normalmente germinan bien, sin ser necesario ningún tipo de tratamiento
previo. Su resistencia le ha convertido en el mejor árbol para
hacer injertos de otros cítricos. Aparte de las semillas, se puede trasplantar
por estaca o por acodo, es decir, partiendo de una raíz.
Suelos y cultivo
La
calidad del terreno es importante si queremos que el naranjo se desarrolle
adecuadamente. Los mejores terrenos son los que son algo arcillosos, con
arena silícea y cal. El clima también deberá acompañar.
Tendrá que ser suave, sin demasiados cambios bruscos de temperatura.
Además, las heladas no sólo arruinan las naranjas, sino
que puede acabar con todo el árbol.
Los suelos más adecuados son aquellos que están por
encima de 400 metros por encima del nivel del mar, cuando estamos
cerca de éste; si el árbol se planta en el interior,
es suficiente con 250 metros por encima. La orientación, si
es posible, será hacia el sur, para poder obtener más
luz solar.
Antes de plantar, es necesario remover la tierra bien. También
es fundamental el riego. Aunque los naranjos resisten las sequías, si
queremos que los árboles den fruto, tendrán que tener agua
en cantidad abundante y, a ser posible, abono. En el caso de los naranjos
dulces, son habituales las carencias de magnesio y zinc muy habituales.
Si decidimos abonar los árboles, tendrá que estar acompañado
con riego, utilizando una proporción de dos kilos de abono por
cada metro cúbico de agua. En los meses de verano es cuando necesita
más abono.
Fuentes: Granada.org;
Quadernsdigitals.net;
Floridaaquaculture.com;
http://home.uchicago.edu;
Arpa.org.
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