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Cuando
ya has hecho una elección de entre las muchas variedades y colores
de rosales y te dispones a plantar tu rosal favorito, es aconsejable pararse
un momento a pensar en los siguientes puntos:
- Los rosales cultivados en macetas se pueden plantar durante
todo el año, siempre y cuando no haya heladas.
- En el caso de rosales cultivados al aire libre, lo mejor es
plantarlos en otoño. Entonces el suelo todavía está
cálido, por lo cual aún se pueden formar algunas raicillas.
Sólo entonces la planta tendrá un crecimiento óptimo
en la siguiente primavera.
- Los rosales gustan de un lugar soleado, pero algunas variedades
pasarán en ocasiones demasiado calor en una ubicación
al sur. Los rosales Rambler, por ejemplo, son una buena elección.
¡Fíjate en esto al elegir!
- A los rosales les gusta un lugar abrigado y aireado, donde
el viento pueda acariciar las hojas. Esto no es lo mismo que un lugar
con mucho viento o con corrientes de aire, donde acechan toda clase
de enfermedades.
- Los trepadores no se deben plantar demasiado cerca de una pared,
donde la mayoría de las veces el suelo está demasiado
seco. Una distancia de unos 30 cm. es perfecta.
Los
rosales son bastante exigentes en cuanto al tipo de suelo. Donde
mejor florecen es en una tierra ligeramente arcillosa o limosa. Un terreno
arenoso se puede enriquecer eventualmente con estiércol. La arcilla
pesada se puede hacer más suelta con harina de basalto. Una turbera
ácida mejorará si abonamos anualmente con cal. Para todos
los tipos de suelo es aconsejable hacer un amplio hoyo de plantación
y llenarlo con tierra especial para rosales. A fin de cuentas, no puedes
plantar tu nueva adquisición más que una sola vez, y de
esta manera la planta tendrá el mejor comienzo posible.
- Para estimular la vida del suelo y limitar posibles daños por
heladas, es inteligente acolchar (cubrir el suelo con hojas y
estiércol viejo) directamente en el momento de la plantación.
- Antes de plantar los rosales, ponlos primero en un cubo de agua
durante una noche.
- Remueve bien la tierra y haz un hoyo de plantación suficientemente
amplio, de modo que las raíces del rosal se puedan extender bien.
- Planta el rosal tan profundo que el injerto de escudete (la
parte nudosa, de donde brotan las ramas) quede aproximadamente 5 cm.
por debajo de la tierra (esto, por supuesto, no es válido para
rosales de pie).
- La tierra removida, mezclada con compost o estiércol,
se esparce encima de las raíces. Apisona bien la tierra con el
pie, si no, las raíces no entrarán en contacto con la
tierra y el rosal no arraigará bien.
- Regar abundantemente después de la plantación.
Los
rosales trepadores exigen algún cuidado adicional, siempre
que estén plantados contra una pared. Cerca de los cimientos suele
haber pocos nutrientes disponibles, de modo que es inevitable mejorar
el suelo. Llena el hoyo de plantación generosamente, con tierra
de calidad y estiércol de vaca o abono especial para rosales, y
planta el rosal a unos 30 cm. de la pared. Puesto que al lado de una pared
la tierra suele estar muy seca, hay que regar mucho, también cuando
el rosal haya empezado a crecer.
Abonar a tiempo
Sólo
en un suelo generosamente abonado los rosales crecerán y florecerán
óptimamente. Durante la temporada de crecimiento hay que
dar dos veces un abono artificial en la fórmula NPK 12+10+18, o
si no, un abono biológico con elementos traza. Para evitar enfermedades
lo mejor es dar un abono con un alto contenido en magnesio y potasio
y, muy importante, ¡un contenido bajo en nitrógeno!
Desde principios de septiembre el abono deja de ser necesario. De otro
modo, la planta seguiría creciendo demasiado tiempo, por lo cual
los brotes nuevos no llegarían a ser resistentes a las heladas
antes del invierno. En noviembre o febrero los rosales te agradecerán
un abono básico o de reserva, por ejemplo, de compost mezclado
con estiércol de vaca.
Protección contra las helada
Todos
los rosales se deben proteger de alguna manera contra las heladas. El
injerto de escudete, es decir, el lugar donde el rosal cultivado
ha sido injertado en su portainjertos (pie de un rosal silvestre), es
muy sensible a las heladas. Por este motivo el arbusto se debe acollar,
como se dice en términos técnicos. Esto también evita la
desecación.
Para
proteger la tierra de alrededor de los rosales contra el deterioro de
la estructura, es aconsejable aplicar un recubrimiento de, por
ejemplo, paja, estiércol bien putrefacto, corteza de coco, virutas
o compost casero. La protección de los rosales sólo se quita
cuando el peligro de heladas haya desaparecido en su mayor parte. En la
práctica esto será en marzo o abril.
En estos mismos meses también habrá llegado la hora de
la poda. En periodos secos debes regar los rosales periódicamente;
tal vez son los habitantes más sedientos de tu jardín. Los
serpollos que brotan del suelo deben cortarse lo antes posible. Estos
brotes proceden del portainjertos y se reconocen por el gran número
de pinchos y las hojas de siete folíolos. Si no quitases estos
brotes, en poco tiempo tendrías un rosal silvestre de floración
abundante, ¡en lugar del rosal que habías elegido!
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Fuente de información: Bakker
Imágenes: Tusplantas.com. |