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La
clematis o clemátides es conocida como alegría de los
viajeros ya que es muy frecuente hallarla por la campiña inglesa,
lugar de donde proviene. Asimismo, podemos encontrarla en toda la región
mediterránea en setos y adosada en tapias y muros. Muy utilizada
como remedio floral, está recomendada a personas decaídas
o despistadas y también como reconstituyente para mareos.
Hierba trepadora, capaz de alcanzar 5 m. de altura,
necesita de otros árboles donde sujetarse al carecer de tronco.
De tallos leñosos y veteados, sus olorosas y blancas flores le
confieren un enorme atractivo. Su fragancia recuerda ligeramente al aroma
del jazmín.
Florece entre las estaciones de primavera y verano, y cuenta con muchas
variedades; la clemátide Julia, Viticella,
Perla azul, Duquesa de Albania o Bill mackenzie.
La amplia gama de formas y colores que desprende la convierte en un ejemplar
muy deseado. Esta flor de delicada belleza no es gran asidua de nuestros
jardines. La razón: la creencia generalizada de las dificultades
que entraña su cultivo.
¿Dónde las planto?
El
primer problema con el que nos encontramos tiene muy fácil solución.
Al ser trepadora, necesita un apoyo próximo y, si de forma natural
no contamos con él, hemos de construirlo y enlazarlo con las flores.
Otra opción es cultivarla en una maceta, siempre y cuando ésta
sea de un tamaño adecuado y cuente con un sostén para que
la planta pueda escalar.
El paso fundamental para elegir el lugar donde plantarlas es saber que
las clematis necesitan una zona húmeda, con las
flores recibiendo sol y su base, las raíces, en un área
de sombra. Os proponemos cultivarlas al lado de plantas de corta altura.
Han de ser terrenos con un drenaje óptimo, ya que no admiten el
exceso de agua. Lo más adecuado es que reciban el sol por la mañana
y ya por la tarde estén a la sombra.
Cómo cuidarlas
Las
clemátides se caracterizan por requerir un riego moderado
y frecuente, si bien es cierto que son variados los factores
que influyen en este aspecto. Por ejemplo, los suelos arenosos demandan
más agua
que otros como los arcillosos. También las plantas de menor tamaño
piden menos agua. El viento es otro condicionante ya que, cuanto más
sopla, más líquido necesita la planta, etcétera.
El principal inconveniente es excederse regando. Hemos de tener presente
que la acumulación de agua perjudica enormemente a la planta: los
nutrientes que se encuentran en el suelo se esparcen alejándose
de las raíces y así es probable que muera.
Llegada
la hora de elegir el abono más adecuado, distinguimos
entre dos tipos:
- Abono mineral: son fertilizantes
químicos, generalmente nitrato o potasio y su coste es muy reducido.
- Abono natural: es abono orgánico, más caro pero aporta
mayores beneficios al suelo.
La alternativa que os proponemos es una combinación de los dos
tipos. La tierra se enriquece por partida doble y económicamente
es más equilibrado.
La poda
Las clemátides tienen requerimientos específicos
determinados dependiendo de la variedad.
-
La
denominada como limpieza. Tan solo quitamos las ramas
que se han secado y las que no queremos que estén ahí.
Suele practicarse en las clematis montana.
- Las híbridas de formación temprana
solicitan otros cuidados. Aparte de quitar las ramas secas o estropeadas
tenemos que atender a otros aspectos distintos: normalmente, al comprar
la flor, ésta tiene al menos dos años de edad y ha sido
ya podada, pero hay ocasiones en las que vamos a recibirla con una sola
rama, la cual podaremos a 30 cm. de altura sobre el nivel de la tierra.
Transcurrido un año, lo haremos a 1 m. de altura, siempre con
cuidado de ir dejando yemas, porque de ahí germinarán
las flores en primavera. A medida que pase el tiempo, las cortaremos
a mayor altura, con el fin de obtener cada vez más flores.
- Para terminar, con las que no florecen hasta octubre o noviembre
pasa lo mismo, si no se entregan podadas lo hacemos nosotros, a unos
30 cm.
Ojo con las enfermedades
Las
plantas pueden padecer la acción de distintos organismos perjudiciales.
Las clematis suelen gozar de buena salud, aunque no se
libran del todo de determinados patógenos. La más temida
se transmite por insectos
como es el caso de la mosca blanca. Las flores mueren
en aproximadamente dos días, pero, por fortuna, es muy escasa entre
la mayoría de variedades.
Provocada por hongos, existe otra afección que
se presenta en las ramas en forma de manchas blancas y redondas. Para
su desaparición recomendamos fungicidas. Nuestros últimos
grandes enemigos son los pulgones: su acción se
contrarresta con cipermetrina.
Reportajes recomendados:
El
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Apuntes
sobre arreglos florales
Cuidado
de los bulbos fuera de la tierra
Redacción/Tusplantas.com
Imágenes: Tusplantas.com; Flora.garganoverde.com
Fuentes de información: www.antoniucci.com.ar;
www.enbuenasmanos.com.
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