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Aunque
los fertilizantes artificiales son los más utilizados
por su bajo coste y comodidad, aportan muchos menos beneficios al suelo
que los naturales, debido a su alto componente químico.
El más común de los abonos naturales es el compost,
derivado de excrementos de animales o residuos putrefactos. Para el huerto,
es esencial añadir una buena cantidad de nutrientes al terreno,
sobre todo, minerales.
Tradicionalmente los campesinos utilizaban el estiércol en vez
de los desechos vegetales. Actualmente lo más común es mezclarlos:
por cada tres fracciones de vegetal, una de animal. Otra opción
es valerse de plantas, que esparcidas por el suelo se pudren y son una
excelente fuente de alimento para la superficie.
¿Cómo lo elaboro?
Es
muy sencillo de conseguir, basta con recurrir a restos que encontremos
(hojas o frutos caídos, comida, basura orgánica...) y apilarlos
agregándoles serrín para que empape la humedad y contrarreste
el mal olor.
Es aconsejable removerlos a menudo para que se ventilen
y la descomposición sea más rápida, ya que suele
prolongarse un mes. Contamos con diferentes métodos de aceleración,
por ejemplo, incorporar nitrógeno. La mezcla resultante la pasamos
por una criba y así obtenemos el abono. Los restos que queden los
dejaremos corromperse durante más tiempo.
Abono verde
Enriquecer los suelos es una tarea fundamental y una forma de lograrlo
es mediante la plantación de diferentes productos
no comestibles, pero que sirven para aumentar la fertilidad del terreno.
Estas especies son las que denominamos abono verde y su empleo es muy
sencillo: antes de que florezcan, las cortamos y enterramos. De esta manera,
labrar la tierra será más fácil.
Las plantas más requeridas como abono verde son de dos clases:
- De invierno: el nitrógeno se adhiere a sus raíces convirtiéndolas
en el producto estrella. Son las legumbres (habas) y los cereales (trigo,
avena...).
- Estivales: en verano nos decantamos por leguminosas (soja) y/o gramíneas
(maíz). La alfalfa es también una excelente opción.
Arcones de compost
Es muy fácil tener unos arcones o baúles donde podamos ir
almacenando residuos y producir abono. Una de las condiciones
para lograrlo es que exista contacto directo con el suelo para beneficiar
el proceso. La primera capa es de hierbas y el resto, vegetales y excrementos.
A continuación, se cubre con un plástico. Es necesario regar
la superficie ya que la humedad es indispensable y se recomienda añadir
algo de tierra para que los gusanos estimulen la transformación.
Construir
nosotros mismos los recipientes del compost no reviste dificultad; podemos
seleccionar sus materiales a nuestro gusto (madera, cemento...). Lo imprescindible
es que cuenten con respiraderos, que la cubierta o la
tapa sea móvil y, como no, que exista roce con el terreno. Su uso
es recomendable pero, si no disponemos de ellos, podemos elaborar el abono
en el suelo, recordando su ventilación y riego.
Reportajes recomendados:
Abono
vegetal hecho en casa
El
riego y abonado, tareas indispensables
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Redacción/TusPlantas.com
Fuente de Información: Tusplantas.com
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