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Para
poder cultivar correctamente resulta imprescindible conocer bien el suelo.
Primero hay que saber que éste es el resultado de la actuación
de las fuerzas orgánicas sobre material que no es orgánico. Un suelo de
buena calidad, por ejemplo, debe contener todos los elementos nutrientes
necesarios para producir el mayor beneficio sobre las plantas.
Entre los principales nutrientes con los que cuenta el suelo destacan:
el potasio, el nitrógeno, el fósforo, el magnesio, el calcio, el azufre,
el carbono, el oxígeno y el hidrógeno. Hay otros elementos que son beneficiosos
para el suelo, pero los anteriormente citados son los más importantes
y, si las plantas carecen de alguno de ellos pueden sufrir e incluso,
llegar a morir.
Otra
de las peculiaridades del suelo es que muchas formas de vida ayudan a
mejorar su mantenimiento como son las lombrices, los caracoles, los insectos,
las bacterias, etc. Es conveniente favorecer la estancia de estos seres
vivos pero el exceso de los mismos, puede llegar a degradar el suelo.
Así, hay que tener cuidado con algunos insectos, que, en algunas ocasiones
se presentan en forma de plagas.
Desde un punto de vista técnico, es importante saber cómo están
clasificados los suelos. Esta clasificación está en función de la cantidad
de partículas de arena y arcilla que contengan.
Los distintos tipos
Arcilla:
Suelos difíciles de cultivar ya que drenan muy mal y dejan pasar poco
aire. La humedad les hace perder homogeneidad y la sequedad les produce
dureza. Suelen tardar en calentarse en primavera. Son densos y ricos en
nutrientes.
Para la comprobación: Hay que observar que una muestra resulta ser muy
resbaladiza y brillante cuando se le aprieta con los dedos.
Arena: Los suelos ricos en arena suelen drenar correctamente y
ofrecen mucho aire a las raíces de las plantas. Son fáciles de cultivar
y rápidos de calentar en primavera, pero se suelen secar demasiado pronto
y los nutrientes se escapan con suma rapidez.
Para la comprobación: Si un suelo es rico en arena hay que comprobar que,
cuando se apriete con los dedos, se sientan sus partículas ásperas.
Cieno:
Los suelos con demasiado cieno tienen partículas cuyo tamaño es intermedio
entre la arena y la arcilla. Pegajosos y pesados, suelen ser difíciles
de cultivar. Para mejorar su calidad hay que aplicar grandes cantidades
de material productor de humus.
Marga: Este tipo es el ideal para cualquier jardinero. Es el
resultado de una mezcla de arcilla, cieno, arena, materia orgánica y nutrientes.
Retiene la humedad y los nutrientes, y drena muy bien.
Turba: Está formado por materia orgánica descompuesta parcialmente.
Estos suelos suelen ser ácidos. Su principal inconveniente es la dificultad
de drenado. La construcción de formas de drenaje artificiales mejora su
calidad.
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