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De
todos es sabido que el agua
es un elemento esencial para la supervivencia de todos los seres vivos,
y las plantas no son una excepción. Todo lo contrario,
necesitan una gran cantidad de agua para sobrevivir y si carecen de ella
están condenadas a marchitarse. Si no transcurre mucho tiempo,
es posible revitalizar una planta marchita pero, si no,
sus hojas comenzarán a rizarse, se volverán marrones y terminarán
muriendo. Esto se puede evitar siguiendo unos sencillos consejos.
El agua de la vida
Antes de nada, hay que conocer bien el suelo
para saber qué es lo que le conviene. Los de tipo arenoso
siempre necesitan más
agua que los arcillosos, ya que se secan antes, por lo
que se tienen que regar
a menudo, si no llueve antes.
Las plantas de cultivo, sobre todo las herbáceas
y las de los macizos, se han de regar en primavera y
en verano, nunca en otoño ni en invierno. La primavera y el verano
es también la principal temporada para plantar árboles
de hoja caduca y arbustos. Es conveniente regarlos mucho,
a menos que el suelo esté muy húmedo en el momento de plantarlos.¿Por
qué? Para asentar las partículas del suelo alrededor de
las raíces y prepararlas para que crezcan la primavera siguiente.
Los útiles necesarios
Si
se ha tomado la decisión de llevar a cabo el riego con una regadera,
conviene elegir ésta con un pitorro largo, bien equilibrada y con
un largo alcance. Una regadera con una alcachofa de agujeros finos
es muy útil para las semillas, plantas de semilleros y bandejas
de plantas.
En cuanto a las mangueras, existe una amplia variedad
de modelos. Es mejor elegirla reforzada con hilo de nylon, para que no
se agriete ni gotee. Además, hay que tener cuidado y procurar que
los flujos fuertes de agua no se lleven la tierra y descubran
las raíces de la planta.
Los
aspersores,
por su parte, son menos eficaces en plantas ornamentales que en hortalizas,
sobre todo en verano. Suelen cubrir un área circular
y son muy útiles si no se disponde del tiempo suficiente para dedicarle
al jardín. Su uso se hace indispensable cuando las dimensiones
de la superficie a regar imposibilitan llevar a cabo esta tarea a través
de los mecanismos anteriormente citados.
Terreno abonado
No
sólo de agua viven las plantas. También necesitan contar
siempre con un suficiente suministro de nutrientes. Es
imprescindible, por tanto, abonar las plantas si lo que se pretende es
verlas crecer de forma sana y vigorosa.
El agua de la lluvia ayudará a filtrar los nutrientes
y vitaminas que se depositen sobre la superficie del suelo. El acolchado
es una buena forma de cuidar las plantas. Para llevar a cabo esta labor
hay que extender una capa de cinco a siete y medio centímetros
de materia orgánica alrededor de las plantas de
macizos y sus bordes. Se debe hacer sobre suelo húmedo
y se descompondrá lentamente enriqueciendo el suelo. Este acolchado
impide el crecimiento de las malas hierbas y ayuda a conservar la humedad
del suelo. En otoño
el material restante se mezcla con el suelo con ayuda de una horca.
Redacción/Facilisimo.com
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